viernes, 6 de agosto de 2010

El día en que le di un regalo a un taxista, el mismo día de mi striptease (en este caso estriptís)

Y ahí iba yo, en ese taxi. Regresando de viaje, de la visita interrumpida a mamá (de la que me había ido escuchando a Ozzy cantar “Mama I´m coming home”). Una llamada la tarde anterior, me obligaba a regresar hoy, bajo una promesa de “ocupación”.
El tiempo me pisaba los talones (y me pellizcaba las nalgas, jajaja), miraba mi reloj, miraba mi facha, miraba el reloj, daba indirectazos al taxista para que corriera (sin éxito. Los taxistas van al ritmo de una canción vallenata, eso es preciso)
Entonces, fue mayor mi desesperación, mayor a mi pudor. Miro al señor conductor (o señor taxista, según su vocabulario), lo miro por el retrovisor y le pregunto: “¿¡Señor! Le importa si me cambio aquí? no voy a alcanzar a llegar a tiempo para ir hasta mi casa, y no puedo llegar a mi cita, así como estoy” (el pantalón que uso para ir en bici, un saco que es el doble de mi talla y unos zapatitos que había comprado en el mercado, en Boyacá).
El señor taxista (entre asustado y sorprendido) ríe y dice: “hágale” (¿hágale? Que suena más como “ágale” que palabra más anti sexy para mi hazaña que debió tener como banda sonora “Crazy” de Aerosmith). Usurpo de mi maleta lo que apenas distingo (igual, nada podría ser peor al atuendo que ya llevaba puesto) me quito los pantalones, (eso sí, sin ver nada que me hiciera arrepentir y viendo las desventajas que tiene el ser alta y el no tener un bronceado) los cambio a la vez que me quito los zapatos; que se habían atascado en la bota del pantalón, tomo la blusa (y aquí; ¡sin asco! Pude verle los ojos despabilándose. Ni tiempo tuve de ver los rostros de los ocupantes de los carros vecinos) cambio mi blusa tan rápido como puedo, como haciendo trucos de magia (torpes y mal hechos) ¡Bien! Ya estaba, lo había logrado.
Le dije al taxista para romper el hielo (después de aquello, estaría muy frío, no?) “Menos mal, no estoy yendo a casarme”. Rompe en carcajadas y dice cosas que no entendería, palabras entre las muelas...
Restarían 5 minutos más para llegar a mi destino (5 min, contados con ábaco)
Ahora que escribo esto, pienso que no debió cobrarme la carrera, bueno qué más da, (sí, me regalé), y todo esto, me hacía sonreír mientras iba a mi cita; en este bus de Transmilenio.

2 comentarios:

  1. jajajaja isa esto esta muy bueno... a mi me pasaba algo parecido de niño en el paseo de rio.... cámbiese ahí que nadie lo va a ver... tan mks como si la toalla alrededor fuera una pared de plomo jaja

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  2. pura intimidad automovilística! pero fresca, eso solo queda en esas ¿4 ventanas? me encanta imaginarla como liv tyler versión más pálida y torpe (digo, por aquello de los trucos al cambiarse)

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